Escrito por Warren Lee.Publicado en La Nación y
en La Extra.
A finales del siglo XIX no existía la ciudad de Limón, lo que había era un sitio inhabitable, nada bueno se veía, todo estaba por hacer. Nuestro país prácticamente carecía de un puerto en el Atlántico.
La provincia de Limón era un lugar de desventura, de pobreza total y extrema; de destierro; de muerte.
Pero tuvo Limón su buen día. Apareció en sus tierras la figura de un hombre de bien: don Balvanero Vargas Molina. Quién, de San José, llegó para convertirse en un gran benefactor; prácticamente, el fundador de esa ciudad; y su primer gobernador.
Hombre admirado en su época. Rememorar su persona en estos tiempos aciagos es hacerle un homenaje al prototipo del funcionario público de gran valía y en extinción; esperando que, de paso, nos sirva de guía, de modelo. Trabajador infatigable; con gran sentido común; honorable y servicial; intachable; íntegro en la administración de los dineros públicos o ajenos, según lo que se ha escrito sobre él. Así fue don Balvanero; costarricense que entregó todo de sí por su Limón hasta el día de su muerte, acaecida el 31 de marzo de 1905; allá en su querida tierra, tierra de promisión.
En el 2005 se cumplió el centenario de su muerte y… ¡ni en la Municipalidad de Limón estaban enterados del suceso! Pero no es para sorprenderse, porque igual sucede con muchos ilustres personajes de nuestra historia: los dejamos en el olvido.
¡Civismo, casi no te conocemos! Del civismo solo conocemos la palabra, no conocemos su real significado, y mucho menos su práctica. ¿Entendemos por qué nuestro país no crece cómo es debido, según nuestras circunstancias?
Porque así, sin practicar el civismo, Costa Rica es tristemente como un árbol sin raíces. No crecemos porque nuestras raíces o no las conocemos o las cortamos y las hacemos a un lado. Traigo a colación, como un ejemplo material, entre comillas, a las construcciones antiguas, históricas, que eliminamos del centro de San José.
Ni el civismo y ni el patriotismo cultivamos. Por lo que no poseemos una verdadera identidad nacional, ¡y somos tan individualistas! Pasivos, apáticos, conformistas. No hay unión, no hay un cuerpo, y a veces parece que hasta perdimos el alma. De ahí que nos cueste tanto dar fruto y bueno. Y cuando lo logramos, por poco tiempo lo saboreamos. Logros o instituciones que otrora fueron nuestro orgullo, ahora, están mal.
El civismo: ¡punto alto y primordial para un programa de gobierno!
Qué la educación cívica sea una materia fuerte de estudio dentro de nuestro sistema educativo. Basada en la verdad. Es urgente. La principal por sobre todas las demás porque, el civismo, es el motor que une y mueve a un país con rumbo fijo.
Antes de finalizar este tema del civismo, es conveniente recordar y darnos cuenta de que no solo abolimos el ejército. El civismo comenzó a desaparecer porque también abolimos la educación; la excelsa, la de primer orden… ¿Un hecho simbólico? Demolimos el cuartel y años después “demolimos” la Escuela Normal.
Volviendo a don Balvanero Vargas Molina, en su recuerdo persisten Puerto Vargas y el Parque Vargas, símbolo de la ciudad de Limón; donde su busto se puede apreciar. A veces, al mencionar en Limón a don Balvanero, algunos responden… ¡ah sí, el señor del parque!
La provincia de Limón era un lugar de desventura, de pobreza total y extrema; de destierro; de muerte.
Pero tuvo Limón su buen día. Apareció en sus tierras la figura de un hombre de bien: don Balvanero Vargas Molina. Quién, de San José, llegó para convertirse en un gran benefactor; prácticamente, el fundador de esa ciudad; y su primer gobernador.
Hombre admirado en su época. Rememorar su persona en estos tiempos aciagos es hacerle un homenaje al prototipo del funcionario público de gran valía y en extinción; esperando que, de paso, nos sirva de guía, de modelo. Trabajador infatigable; con gran sentido común; honorable y servicial; intachable; íntegro en la administración de los dineros públicos o ajenos, según lo que se ha escrito sobre él. Así fue don Balvanero; costarricense que entregó todo de sí por su Limón hasta el día de su muerte, acaecida el 31 de marzo de 1905; allá en su querida tierra, tierra de promisión.
En el 2005 se cumplió el centenario de su muerte y… ¡ni en la Municipalidad de Limón estaban enterados del suceso! Pero no es para sorprenderse, porque igual sucede con muchos ilustres personajes de nuestra historia: los dejamos en el olvido.
¡Civismo, casi no te conocemos! Del civismo solo conocemos la palabra, no conocemos su real significado, y mucho menos su práctica. ¿Entendemos por qué nuestro país no crece cómo es debido, según nuestras circunstancias?
Porque así, sin practicar el civismo, Costa Rica es tristemente como un árbol sin raíces. No crecemos porque nuestras raíces o no las conocemos o las cortamos y las hacemos a un lado. Traigo a colación, como un ejemplo material, entre comillas, a las construcciones antiguas, históricas, que eliminamos del centro de San José.
Ni el civismo y ni el patriotismo cultivamos. Por lo que no poseemos una verdadera identidad nacional, ¡y somos tan individualistas! Pasivos, apáticos, conformistas. No hay unión, no hay un cuerpo, y a veces parece que hasta perdimos el alma. De ahí que nos cueste tanto dar fruto y bueno. Y cuando lo logramos, por poco tiempo lo saboreamos. Logros o instituciones que otrora fueron nuestro orgullo, ahora, están mal.
El civismo: ¡punto alto y primordial para un programa de gobierno!
Qué la educación cívica sea una materia fuerte de estudio dentro de nuestro sistema educativo. Basada en la verdad. Es urgente. La principal por sobre todas las demás porque, el civismo, es el motor que une y mueve a un país con rumbo fijo.
Antes de finalizar este tema del civismo, es conveniente recordar y darnos cuenta de que no solo abolimos el ejército. El civismo comenzó a desaparecer porque también abolimos la educación; la excelsa, la de primer orden… ¿Un hecho simbólico? Demolimos el cuartel y años después “demolimos” la Escuela Normal.
Volviendo a don Balvanero Vargas Molina, en su recuerdo persisten Puerto Vargas y el Parque Vargas, símbolo de la ciudad de Limón; donde su busto se puede apreciar. A veces, al mencionar en Limón a don Balvanero, algunos responden… ¡ah sí, el señor del parque!





